viernes, 16 de junio de 2017

EL CONCEPTO DE BATALLA POR LA AUTORIDAD LEGAL COMO UNA LLAVE PARA LA COMPRENSIÓN DE LA TEOLOGÍA BÍBLICA DEL NUEVO TESTAMENTO

Introducción
Casi al inicio de la Biblia, encontramos el registro de la Caída del ser humano en el pecado. A partir de ese momento podemos ver que existe una permanente batalla entre el Reino de Dios y el imperio de las tinieblas. Basta leer el registro bíblico para percibir esa batalla. Luego de la Caída y después de haber oído de Adán y de la mujer la confesión de la comisión del acto pecaminoso (Gn. 3:10-13), Dios se dirige a la serpiente y le dice:  

Porque hiciste esto, serás maldita entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón (Gn. 3:14-15).

Aquí se encuentra registrada la primera alusión a una batalla, a un conflicto, que se desarrollará a lo largo de la narrativa bíblica. Es la batalla entre la serpiente y el descendiente de la mujer. La comprensión de esta batalla y de su desenlace, será objeto del presente trabajo. Nuestra propuesta es presentar y defender el concepto de batalla por la autoridad legal, como una llave para la comprensión de la Teología Bíblica del Nuevo Testamento. Para ello procuraremos describir el concepto, explicarlo y trazar una línea de eventos escriturísticos que comprueben su existencia y que demuestren cómo su recepción nos permite tener una herramienta exegética saludable para la interpretación de la Teología Bíblica del Nuevo Testamento. El concepto lo hemos tomado prestado del Dr. Leandro Lima, quien lo ha desarrollado en su libro La Gran Batalla Escatológica[1]. Es siguiendo el argumento del Dr. Lima, que pretendemos provocar una discusión y reflexión saludable acerca de este concepto y defender su viabilidad como herramienta para la comprensión de la Teología Bíblica del Nuevo Testamento.

El Concepto de Batalla por la Autoridad Legal
¿Qué debemos entender por batalla por la autoridad legal? ¿Cómo identificarla? Son preguntas que necesitan ser respondidas antes de que defendamos su viabilidad como herramienta para la interpretación de la Teología Bíblica del Nuevo Testamento.
Lo primero que debemos decir es que se trata de un conflicto, es decir, de una lucha, de una guerra. Pero no de cualquier tipo de batalla, sino de una antigua, que se remonta a los inicios mismos de la historia humana.
Cuando observamos el relato del Génesis, podemos ver con claridad que el Señor es presentado como el Creador de todas las cosas (Gn. 1:1). Sin embargo, también lo vemos como el Supremo Legislador, es decir, Aquel que Gobierna todas las cosas por medio de su Palabra (Gn. 2:16-17)[2].
Luego de la creación de la mujer, el relato de Génesis es bien rápido en informarnos de la presencia de un personaje siniestro que, sirviéndose de un animal, se aproxima a la primera pareja. En sus palabras hay claras evidencias de ser un adversario, de ser alguien que se opone a lo que Dios ha establecido. Este adversario cuestiona el mandamiento de Dios, el carácter de Dios, pone en duda la Palabra de Dios y finalmente la niega (Gn 3:1-7). El desenlace de esta triste historia es conocida. Nuestros primeros padres sucumben a la tentación y violan el pacto que Dios había establecido con ellos. Se hacen, por tanto, acreedores de la maldición del pacto y no solo ellos, sino que también toda su descendencia (la humanidad toda) sufre los efectos de su desobediencia (Gn. 3:10-13, cf. Ro. 5:12-21). Pero el personaje siniestro, la serpiente, también recibe una maldición. Se le dice que habrá una permanente enemistad entre su descendencia y el descendiente de la mujer. Además, se le afirma que el descendiente de la mujer le herirá de muerte, a pesar de que él también provocará dolor en el descendiente de la mujer (Gn. 3:14-15). Muchos estudiosos concuerdan que aquí tenemos la primera alusión bíblica al Evangelio, es por ello que suele decirse que en Gn. 3:15 tenemos el proto-evangelio, es decir, el “primer” evangelio[3]. Pero también aquí tenemos registrado el inicio del conflicto, la declaración oficial de guerra. A partir de este momento encontramos la presencia del conflicto que, no es, en palabras del Dr. Lima, “una guerra convencional”[4]. Van Groningen se refiere a este conflicto como “antítesis”. Al respecto señala:

La idea básica expresada en el término “antítesis”, que tiene origen griego, es de oposición...El concepto bíblico implica dos (o más) grupos que están en oposición uno contra el otro, siendo que no existe posibilidad de tregua entre ellos, pues son absolutamente contrarios, tal como lo es la luz y las tinieblas, el bien y el mal...El término bíblico que está en la base del concepto antítesis es eybâh (enemistad, antagonismo). Helmer Ringgren, disertando sobre ayab, escribió que en la literatura ugarítica, así como en la mesopotámica, el verbo y los sustantivos derivados, se refieren al ser hostil, enemigo, adversario, con el sentido de mal presente[5].í﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽al.
 posibilidad de tregua entre ellos, pues son absolutamente contrarios, tal como lo es la luz y las tinieblas, el b

Lo segundo que debemos mencionar es que esta batalla, no es una cuestión de poder o de fuerzas. No se trata de saber quién tiene el poderío militar más avanzado, o el más grande, o más desarrollado. Al contrario, en el centro de esta batalla descansa la idea de quién ostenta el legítimo ejercicio de la autoridad.

Definiendo Autoridad Legal
Partimos de la base de que existe una diferencia evidente entre autoridad y poder. La autoridad es un derecho, el poder es un hecho. Si queremos definir autoridad, podemos decir que es un atributo de una persona que le otorga el derecho de mandar y ser obedecido, de hablar y ser escuchado. El poder, al contrario, es fuerza al servicio de una idea.
En términos bíblicos podemos ver que en el NT encontramos la palabra ἐξουσία que ha sido traducida al español como autoridad, potestad. El término ἐξουσία significa «el derecho de controlar o governar sobre»[6]. Esto es lo primero que tenemos que tener en mente cuando hablamos de autoridad, es decir, no se trata de poder, no se trata de fuerza, sino más bien, de un derecho.
Al respecto, un pasaje bastante esclarecedor se encuentra en Lucas 4. Cuando Jesús es tentado por Satanás en el desierto, el tentador le dice: «a tí te daré toda autoridad y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y la doy a quien yo quiero» (Lc. 4:6). Aquí Satanás está reclamando ser el legítimo ostentador de un derecho. Es el derecho que tiene sobre «los reinos de la tierra» (Lc. 4:5). ¿En qué consiste este derecho? ¿Verdaderamente Satanás posee un derecho legítimo sobre los reinos de la tierra? Muchos afirman que sí y citan como ejemplo los textos de Efesios 2:2; 6:12; 1 Juan 5:19, donde se dice que Satanás es el «príncipe de la potestad del aire», que existen «principados, autoridades, gobernadores de tinieblas» y que «el mundo entero está bajo el maligno». Al respecto William Hendriksen señala:

¿Prueban realmente estos pasajes lo que quienes los citan tratan de probar? No creo que lo hagan. Los primeros tres prueban simplemente que Satanás ejerce una muy poderosa influencia por mal en la vida de todas aquellas personas y espíritus malvados que le reconocen como su señor. Pero tales referencias por cierto no prueban que el diablo sea el dueño y gobernante máximo de las naciones, con el derecho y el poder para disponer de  ellas y sus riquezas como le plazca, de modo tal que Cristo mismo, al menos en la dispensación presente, tenga que ocupar un lugar inferior a él. La realidad es lo opuesto, como lo prueban abundantemente pasajes tales como Gn. 3:15; Sal. 2; Mt. 11:27; 28:18; Ro. 16:20; Ef. 1:20-23; Col. 2:15; y Ap. 12; 20:3, 4, 10. Si se argumentara que algunos de estos pasajes hacen referencia al poder otorgado a Cristo en su exultación, la respuesta es que aun durante la humillación de Cristo, Satanás no podía hacer más de lo que Cristo le permitía hacer. Tanto Mt. 4:11 como los Evangelios en general lo testifican (expulsiones de demonios; Mt. 12:29; Lc. 10:18; Jn. 12:31). Y en cuanto a la pretensión de Satanás aquí en Lc. 4:6, es demasiado absurda para merecer una respuesta. Pero si se insistiera en algún tipo de respuesta, demos Jn. 8:44.[7]

Como podemos ver, Hendriksen se muestra contrario a la idea de que Satanás haya tenido un derecho legítimo sobre las naciones. Él piensa que la declaración de Satanás es una mentira, pero también está dispuesto a aceptar el hecho de que aquellos que rechazan al Señor en realidad están bajo el Diablo, tal como lo afirma Jesús en Jn. 8:44. A pesar del respeto que tenemos por Hendriksen, creemos que no es descabellada la idea de pensar que Satanás había adquirido un derecho legítimo, derecho que le permitía ejercer una autoridad sobre las naciones paganas y ser el acusador de los hijos de Dios. Ahora bien, ¿en qué consistía efectivamente este derecho? ¿Qué facultades le otorgaron? El texto de Apocalipsis 12:9-10 nos da alguna luz sobre el asunto. El texto en cuestión señala:

Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo. Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados junto con él. Oí una gran voz en el cielo que decía: “¡Ahora ha llegado la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo! Porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.

Este pasaje es esclarecedor en este punto, porque nos muestra que Satanás poseía dos facultades, a saber, engañar a todo el mundo y acusar a los hijos de Dios. Ahora bien, con respecto a la primera facultad, esto es, aquella que le permitía engañar a todo el mundo, debemos decir que eso implicaba ejercer un dominio, una autoridad, una potestad sobre el mundo pagano. Pablo en 2 Co. 4:4 dice: «Pues el dios de esta edad presente ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no los ilumine el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios». Aquí Pablo se refiere a Satanás como «el dios de esta edad presente» (ὁ θεὸς τοῦ αἰῶνος) no para ponerlo en el mismo nivel de Dios; sino para mostrarlo como el gobernador y regidor de este mundo[8]. Vemos que esta autoridad le confería a Satanás la facultad de «cegar el entendimiento». Kistemaker señala:

Y como el espíritu [dios] de esta era, tiene poder para cegar las mentes de los incrédulos. El contraste es sorprendente: los predicadores intentan disipar las tinieblas de este mundo con la luz del evangelio de Cristo; Satanás azota con la ceguera a los incrédulos, de modo que no puedan ver la luz del evangelio. Un velo cubre sus mentes, de forma muy parecida al caso de los israelitas, que no querían ver el rostro de Moisés reflejando la gloria de Dios, y como los judíos, que son incapaces de entender el mensaje de las Escrituras (3:13–15)[9].

Es esta, entonces, una facultad adquirida, un derecho que en un momento le fue entregado. Además, Apocalipsis nos dice que Satanás tenía la facultad de ser el «acusador de nuestros hermanos», es decir, ostentaba otro derecho más.
El Acusador, es otro de los títulos utilizados para referirse a Satanás. El término κατήγωρ, derivado de κατηγορέω ‘acusar’, significa aquel que trae una acusación[10]. ¿En qué consistía esta facultad? En presentarse como el acusador que inculpa a las personas delante de Dios en su tribunal celestial. Un caso emblemático lo encontramos en el Libro de Job, donde los ángeles se presentan delante del Señor y encontramos a Satanás acusando a Job de honrar a Dios movido por el interés personal (Job 1:6-11). Otro caso lo encontramos en el Libro de Zacarías, donde Satanás está a la diestra del sumo sacerdote Josué para acusarle (Zac. 3:1-10)[11].
La gran pregunta que ahora se nos presenta es la siguiente: ¿Cómo Satanás adquirió estos derechos? ¿Quién se los concedió? Es lo que nos proponemos responder a continuación.

El reino de las tinieblas y el hombre fuerte
Ya hemos definido lo que es la autoridad legal y hemos visto que desde la Caída se ha trabado una batalla entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer. También hemos mencionado que Satanás ostentaba dos facultades, a saber, la de engañar a las naciones y la de acusar a los hijos de Dios. Ahora la pregunta que queremos intentar responder, en la medida que una sana exégesis bíblica lo permite, es cómo Satanás adquirió esas facultades.
Aquí, debemos reconocer, entramos en aguas profundas donde es muy posible ahogarse y terminar afirmando algo que la Biblia no dice. Por lo tanto, con suprema cautela nos sumergiremos hasta donde nos sea posible en la revelación bíblica.
Mencionábamos al comienzo de este trabajo que la batalla comenzó en el jardín del Edén, cuando Dios dice que habrá enemistad entre la descendencia de la serpiente y el descendiente de la mujer. Por lo tanto, Génesis 3 tiene que ser nuestro punto de partida.
El Dr. Lima señala que existen paralelos interesantes entre Génesis 3 y Apocalipsis 12[12]. Se establece una serie de temas y personajes en común:
Génesis 3
Apocalipsis 12
  1. La serpiente (v. 14a)
  2. Descenso de la serpiente (v. 14b)
  3. La mujer (v. 15a)
  4. Enemistad entre la serpiente y la mujer (v. 15a)
  5. El descendiente de la mujer (v. 15b)
  6. Enemistad entre la serpiente y el descendiente de la mujer (v. 15c)
  7. El sufrimiento del parto para la mujer (v. 16a)
  1. La mujer (v. 1a)
  2. El sufrimiento del parto para la mujer (v. 2a)
  3. El dragón (v. 2-3)
  4. El descendiente de la mujer (v. 5)
  5. Enemistad del dragón con la mujer (v.4b)
  6. Enemistad del dragón contra el descendiente de la mujer (v. 4c)
  7. La expulsión (descenso) del dragón (v. 7-9)

Al parecer, como lo afirma el Dr. Lima, todo indica que Apocalipsis 12 amplía la interpretación de la narrativa de Génesis 3. Y así, podemos notar que Satanás en Génesis 3 es mencionado como serpiente, esto es, un ser astuto y cautivador, y en Apocalipsis 12, como un dragón, esto es un ser fuerte y poderoso. El hecho de que Apocalipsis 12 lo califique como un ser fuerte y poderoso, es corroborado por la palabras de Jesús en Mateo 12:29, cuando, por medio de una parábola, dice que Satanás es «un hombre fuerte». Pero más interesante aún es el verso 26, donde Jesús afirma que Satanás posee un «Reino». Esto sumado a los textos ya mencionados de 2 Corintios 4:4; Efesios 2:2; 6:12; 1 Juan 5:19, parecen corroborar lo que hemos estado intentando demostrar: Satanás, al hacer caer a nuestros primeros padres, adquirió un derecho legímito que ejerció durante mucho tiempo. Aquí es bueno mencionar ciertas distinciones. Jurídicamente, un derecho adquirido es una facultad legal regularmente ejercitada y una mera expectativa son las que no se han puesto en ejercicio. Si Satanás, desde la caída, según 2 Co 4:4 y Ap. 12:10 podía cegar a las naciones y acusar a los hijos de Dios, claro está que él poseía un derecho adquirido y no una mera expectativa. Y un derecho es la facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor o que el dueño de una cosa nos permite en ella. De allí, entonces, podemos concluir, que Satanás, al hacer caer al ser humano de su estado de justicia original, recibió de Dios (ver Jn. 19:11) un derecho que puso en ejercicio hasta que le fue arrebatado legalmente. Y vemos que, a lo largo de toda la revelación bíblica, Satanás ejerce ese derecho y que fue el descendiente de la mujer, esto es, el Señor Jesucristo, quien por medio de una batalla por la autoridad legal, se lo arrebató.

Batalla por la autoridad legal: una llave para la comprensión de la Teología Bíblica del Nuevo Testamento
Ciertamente existen diferentes aproximaciones a la Teología Bíblica. Partiendo desde las perspectivas clásicas donde se estudiaba el mensaje y los contenidos teológicos de cada libro de la Biblia, y se intentaba realizar una síntesis de temas, hasta llegar a la propuesta de G.K. Beale, que busca presentar una particular línea de desarrollo de la historia de la redención que pueda servir de punto de referencia para la interpretación de toda la Biblia[13].
Creemos que este último camino parece ser el más adecuado y por eso presentamos el concepto de Batalla por la Autoridad Legal como un punto de referencia (o una llave interpretativa) que nos permitirá comprender la Teología Bíblica del Nuevo Testamento de una manera más cohesionada. Tal como se afirmó al principio, creemos que ya en Génesis 3 encontramos esta referencia, presentada de manera escatológica, pues Dios ya estaba anunciando tanto la batalla como el resultado, es decir, estaba anunciando el futuro.
Usando esta herramienta en la interpretación de la Teología Bíblica del Nuevo Testamento, permitirá que tengamos un concepto unificador del mismo. El desafío está en leer la narrativa bíblica con él en mente y ver cómo se va desarrollando hasta la consumación.

Conclusión
La propuesta de este trabajo era presentar el concepto de batalla por al autoridad legal, describirlo con base bíblica y proponer su uso como llave para la interpretación de la Teología Bíblica del Nuevo Testamento.
Estamos concientes de que se trata de un modelo nuevo, pero que hace justicia, tanto a la historia de la redención como también a la escatología bíblica.
No hay dudas de que aquí presentamos una primera aproximación y dejamos para el futuro un desarrollo más acabado. Sin embargo, creemos que siguiendo este camino, podremos llegar a un buen puerto. No se trata de defender «LA LLAVE» de interpretación, sino una llave útil para la comprensión de la Teología Bíblica del Nuevo Testamento. 


[1] LIMA, Leandro Antonio de. A grande Batalha Escatológica. Sao Paulo: Editora Agathos, 2016.
[2] Entendemos que en Gn. 2:16-17 tenemos el registro del Pacto de Obras. Allí Dios es presentado como el Supremo Legislador que Gobierna sobre su creación y es el dador de la Ley, expresada en este caso particular por medio de una prohibición. El hombre debía cumplir la Ley del Señor para así ser bienaventurado y pasar la prueba. Cosa que, como vemos en Gn. 3, no sucedió.
[3] Ver, por ejemplo, VAN GRONINGEN, Gerard. Revelación Mesiánica en el Antiguo Testamento. (Sao Paulo): Cultura Cristiana, 2ª ed. 2003, pág. 106; Creación y Consumación, Vol. I. (Sao Paulo): Cultura Cristiana, 2002, pág. 133 y ss.; HOUSE, Paul R. Teología del Antiguo Testamento. Sao Paulo: Editora Vida, 2005, pág. 81; MERRILL, Eugene H. Teología del Antiguo Testamento. Sao Paulo: Shedd Publicaciones, 2009, pág. 230. GOLDSWORTHY, Grame. Estrategia Divina: Una Teología Bíblica de la Salvación. Barcelona: Publicaciones Andamio, 2003. Pág. 142. encontramos a Satann 2 Co. 4:4 dLDSWORTHY, Grame. iguiente: ¿Cs se presenta delante del Señor y encontramos a Satann 2 Co. 4:4 d
[4] LIMA, Leandro Antonio de. La Gran Batalla Escatológica, pág. 7.
[5] VAN GRONINGEN, Gerard. Creación y Consumación, Vol. 1, pág. 155-156.
[6] Louw, J. P., & Nida, E. A. (1996). Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 475). New York: United Bible Societies.
[7] HENDRIKSEN, William. Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio de según San Lucas. Grand Rapids: Libros Desafío (1990), pág. 180.
[8] Ver KISTEMAKER, Simon. Comentario al Nuevo Testamento: 2 Corintios. Grand Rapids: Libros Desafío (1997), pág. 121.
[9] Ibid.
[10] Louw, J. P., & Nida, E. A. (1996). Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 436). New York: United Bible Societies.
[11] Ver MOUNCE, Robert H. Comentario al Libro del Apocalipsis. Barcelona: Editorial Clie (2007), pág. 330.
[12] LIMA, Leandro Antonio de. Apocalipsis como Literatura: Un estudio sobre la importancia del análisis del arte literario en Apocalipsis 12-13. Tesis Doctoral, pág. 166.
[13] Sobre el asunto, ver el instructivo ensayo de Andreas J. Köstenberger, The Present and Future of Biblical Theology. Southwestern Journal of Theology, Volume 56, Número 1, Otoño 2013.

jueves, 13 de octubre de 2016

Una visión integral de la Biblia


Dios ha hablado por medio de su Palabra. Es lo que se conoce en Teología como revelación. La revelación entraña la idea de comunicación. Dios se muestra, se devela, se da a conocer. La revelación se da de dos maneras: (a) Por el universo creado y la constitución humana (Sl. 19:1-6; Ro. 2:14-15), es la llamada revelación general; (b) Por la Biblia, registro inspirado de la Palabra de Dios (2 Ti. 3:16-17; 2 P. 1:20-21), es la llamada revelación especial. La Biblia, por tanto, reclama para sí la calidad de registro inspirado de la voluntad de Dios y, por ser inspirado, no contiene errores (inerrante) y no puede ser acusada de error (infalible).
La Biblia nos presenta un tipo de historia particular, a saber, la Historia de la Redención (i.e. cómo Dios salva a pecadores). Como historia, ella presenta un avance bien definido por un comienzo (Creación), un desarrollo (Caída y sus consecuencias) y un fin (Redención y Consumación final). 

a)    La Creación.
El registro de la Creación se encuentra en el Libro de Génesis, donde se dice en su primer versículo: “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra” (1:1). Dios es presentado como el Creador, como Aquel que dio origen a todas las cosas, las visibles e invisibles. Él dio orden al Universo y, particularmente, destaca en Génesis 1 la creación y orden de toda la tierra en 6 días. En el día sexto Dios crea al ser humano (hombre y mujer) y establece para ellos tres mandatos que gobernarán sus vidas y la de toda la humanidad (Gn. 1:26-30): (1) Mandato Espiritual (la relación con Dios); (2) Mandato Social (la relación con sus semejantes y, particularmente, con la familia) y (3) Mandato Cultural (la relación con el Cosmos creado). Ese era el estado primario del ser humano creado a imagen de Dios. Un estado perfecto, pues Dios da su parecer considerando que todo lo creado era muy bueno (Gn. 1:31). Todo era perfecto.
b)    La Caída.
Sin embargo, toda esa creación se vio afectada por la Caída del ser humano en el pecado registrada en Génesis 3. Allí se nos dice que un adversario (la serpiente) se introduce en el Jardín de Dios y tienta al ser humano para que desobedezca a Dios. Tristemente, el ser humano oye la voz de la serpiente y desecha la Palabra de su Creador. Desde ese momento, la historia humana está marcada por tristeza, conflicto, desorientación, maldad, violencia, etc.
Dios había establecido un pacto con el ser humano (Gn. 2:17), pacto que implicaba obediencia total al Creador y que, como consecuencia de su observancia, traería bendición para el ser humano, pues sería elevado a una condición de existencia superior. Sin embargo, el pacto también establecía una maldición por su no cumplimiento: el ser humano moriría. Dios, entonces, fiel a su palabra, al ver que el ser humano había desobedecido, tuvo que aplicar el juicio (mitigado ciertamente, lo que es una demostración de su gracia) y las tres relaciones antes mencionadas se vieron afectadas profundamente por causa de la desobediencia. El hombre ya no disfrutaría más de aquella comunión con Dios (pues espiritualmente murió, cfr. Ef. 2:1); además, las relaciones entre hombre y mujer serían conflictivas (y entre seres humanos) y, finalmente, la tierra quedó bajo maldición, dejando de ser el lugar ideal para transformarse en un lugar hostil para el ser humano.
c)     La Redención.
Pero Dios, que es rico en misericordia no dejó al ser humano a la deriva, sino que prometió un Redentor (Gn. 3:15). Un descendiente de la mujer vendría a acabar con las obras de la serpiente y restauraría las tres relaciones fundamentales del ser humano: Con Dios, con el prójimo y con el mundo. Ese Redentor es Jesucristo, el Emanuel, el Dios-hombre que, cuando se cumplió el tiempo vino (Gl. 4:4) y murió en una Cruz para dar salvación a todos aquellos que creen en él y le reconocen como el Señor y Salvador de sus vidas (Ro. 10:9). Pero la redención no solo restaura la relación con Dios, sino que también las relaciones sociales y las culturales. Es por eso que afirmamos que en Jesús, la restauración se está efectuando y llegará a la Consumación cuando él vuelva nuevamente.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿POR QUÉ IR TAN LEJOS PARA SERVIR EN UNA AVANZADA?

Hace aproximadamente un mes estoy sirviendo en la Avanzada de la 1ª Iglesia Presbiteriana de Puerto Montt. Se trata de un proyecto de plantación de iglesia iniciado y apoyado por la 1ª Iglesia Presbiteriana de Temuco Cristo el Salvador.
Puedo decir que es una experiencia nueva para mí y, de hecho, si me hubiesen preguntado hace 5 años atrás si me veía trabajando en una plantación de iglesia, mi respuesta hubiera sido un categórico no, pues no me consideraba apto para esa labor. Prefería pastorear una iglesia ya organizada. ¿Por qué, entonces, he asumido este desafío? ¿Qué cosas me motivaron a venir hasta Puerto Montt para servir como pastor? Bueno, podría pensar en muchas respuestas para esas preguntas y si quisiera ser “políticamente correcto” también escogería bien mis respuestas para no dar pié a malos entendidos.
Pero aquí presento algunas de las razones que me motivaron a tomar la decisión de venir hasta aquí:
1. Conocer la voluntad de Dios sobre la misión:
He leído varios libros, artículos, blogs, opiniones, etc., sobre la misión. Puedo decir que he pasado desde las posturas más académicas hasta las más apasionadas. Al principio, me parecía interesante ver cómo varían las visiones, incluso entre aquellos que pertenecen a una misma tradición eclesiástica (entiéndase denominación). No hay dudas, no existe una comprensión unificada de lo que es la misión. Algunos, destacan el evangelismo y discipulado, otros, sin dejar de lado lo primero, dan un énfasis a lo social, a que la iglesia tenga una presencia en la cultura. Los más eclécticos, buscan no caer en extremos, tanto en sus palabras como en su actuar y siguen una vía intermedia.
Para mí, y en la medida que puedo percibir eso de la lectura de la Escritura, la misión se resume en las conocidas palabras de Cristo: “Se me ha dado autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:18b-20). Antes de ascender al cielo, Jesús les dijo también a sus discípulos: “Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hch. 1:8). Lo primero que viene a mi mente al leer estos textos es, ¿qué entendieron los discípulos? Ellos fueron los primeros en oír estas palabras y nunca nos llevará a una interpretación saludable saltarnos este importante paso. Con respecto al primer versículo citado, creo que ellos entendieron que habían recibido una orden del Señor Jesús, para ir y hacer discípulos; es decir, fueron enviados a cumplir una tarea específica: hacer discípulos. ¿De qué forma los harían? ¿Cómo alguien llegaría a ser un discípulo de Jesús por medio de ellos? Creo que el texto mismo nos da la respuesta: Predicando el evangelio. Esa es la única manera que Dios tiene para traer a sus escogidos a los pies de Cristo. El evangelio es el poder de Dios para dar salvación a todo aquel que cree (cfr. Ro. 1:16). Sólo conociendo el Evangelio, es decir, a Cristo, pues él es el evangelio, las personas pueden ser regeneradas por el Espíritu de Dios y, una vez que esto suceda, ellas pueden recibir el bautismo como el signo y sello del pacto de Dios con su pueblo. Luego comenzaría todo el proceso de enseñarles todo el consejo de Dios (Hch. 20:27). Con respecto al segundo texto, los discípulos entendieron que Jesús, nuevamente, les estaba dando una orden: Serán mis testigos. Ellos serían los encargados de dar testimonio de Cristo, de contar a otros sobre su persona y obra.
En ambos textos, resalta el carácter universal del evangelio. No debe quedarse encasillado en un determinado lugar o sector, sino que debe correr por todo el mundo. Y esa orden que recibieron los discípulos, es la misma que hoy nosotros recibimos. Dios, en su soberana voluntad, determinó que sólo en Cristo hay salvación. Y, también, determinó que por medio de la predicación, la salvación fuese ofrecida al hombre pecador.
Puedo decir, sinceramente, que ese factor fue determinante para venir hasta aquí a trabajar en una avanzada. Mi deseo profundo es ver conversiones, ver a Dios trayendo a sus escogidos a la comunión con el Cuerpo de Cristo. La orden es clara, hay que cumplirla.
2. Conocer al grupo de creyentes en Puerto Montt:
 Una segunda cosa que me impactó y que me llevó a tomar la decisión de venir hasta aquí, fue conocer al grupo de hermanos que conformaban esta avanzada. Muchos de ellos jóvenes, llenos de entusiasmo y con un santo deseo de tener un pastor en la ciudad que pastoreara sus vidas. Así como el apóstol Pablo no dejaba de dar gracias a Dios al enterarse de la fe en Cristo y del amor por los santos que los efesios tenían (Ef. 1:15), mi experiencia con este grupo de hermanos provocó similar efecto. Ver lo que Dios estaba haciendo en sus vidas, cómo el Señor los había rescatado de una vida de pecado y rebeldía, ver cómo el Señor los estaba reuniendo en una misma iglesia y ver el amor que se tienen los unos a los otros, me llenó de gratitud a Dios en mi corazón. Desde que los conocí, no dejé de orar por ellos. Ese vínculo sólo lo puede generar el Señor. Muchas veces sólo gastamos tiempo queriendo obtener informaciones de otros para hablar mal de ellos. El Señor nos enseña que en vez de hacer eso, debemos alegrarnos cuando vemos Su obra maravillosa en la vida de nuestros hermanos.
3. Un proyecto serio:
Una tendencia que tenemos, tristemente, en la vida de la iglesia es la de improvisar. Incluso para algunos puede parecer muy espiritual, pero el Señor nos muestra en su Palabra que los que se comprometen a alguna obra, lo deben hacer siguiendo un proyecto elaborado bajo la voluntad de Dios. Es decir, debemos prepararnos y planificar, siempre y cuando esta preparación y planificación siga la voluntad del Señor (p. ej. Neh. 1 y 2). Desde el comienzo, cuando se iniciaron las conversaciones con la Iglesia madre, vi seriedad, deseo de servir y una planificación sólida. No soy de aquellos que adoptan “modelos” que están de moda o copian modelos del mundo, mi compromiso es seguir el criterio que establece la Palabra de Dios. Y si la Palabra nos ordena planificar bien antes de emprender una obra, debemos hacerlo. Y nuestra planificación obedece a lo que entendemos que estamos haciendo aquí: organizar una nueva Iglesia Presbiteriana.
4. Una profunda convicción:
Este elemento no puede ser dejado de lado. Aunque muchas veces Dios nos ordena hacer lo que no nos gusta (como el caso de Jonás), eso no significa que no existan ciertas convicciones en nuestro corazón que debemos tener en cuenta. Puedo decir que el Señor fue trabajando en mi corazón y el apego al trabajo aquí comenzó a crecer. Visité varias veces al grupo antes de tomar la decisión definitiva de venir a servir aquí. Y cada vez que me iba, quedaba con más deseos de volver. Dios es quien llama, es verdad. Y de hecho ya lo mencionamos, lo hace por medio de Su Palabra. Él toma su Palabra y la aplica a nuestra vida de tal modo que la convicción que se genera de obedecerle es irresistible. En esto también es necesario tener cuidado y estar atento a la dirección del Espíritu Santo. En Hechos 16:6 ss., se nos relata que los planes de Pablo y sus compañeros era predicar en Asia, pero fueron impedidos por el Espíritu Santo (no se nos dice de qué forma lo hizo, pero sí se los impidió). El texto dice que en dos ocasiones el Espíritu se los impidió. Finalmente, Pablo recibe la visión del varón macedonio. El texto dice que deciden ir a Macedonia “convencidos de que Dios los había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios” (v. 10). A ese tipo de convicción me refiero. La que viene de parte del Señor y no de nuestros propios intereses (aunque no descarto que Dios los pueda utilizar también en cierta medida).
5. Un anhelo sincero por ver a Dios obrando:
Una última razón que puedo pensar por ahora es un verdadero anhelo del corazón, un profundo deseo, de ver a Dios cambiando vidas y trayendo a sus escogidos a la comunión con el Cuerpo de Cristo. El apóstol Juan, en su primera carta dice que: “les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa” (1 Jn. 1:4). Juan se alegraba que sus lectores se hubiesen convertido del paganismo al cristianismo. Ciertamente una alegría como esa sólo puede provenir de la obra del Señor en nuestra propia vida. ¿Qué hijo de Dios no se alegra cuando ve que otros son traídos a Cristo? La Escritura nos dice que existe gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente (Lc. 15:7).
Estamos recién comenzando esta obra. Ciertamente hay mucho que hacer. No confiamos en nuestros recursos, sino en los del Señor. Hemos venido hasta aquí únicamente para servirle a Él.