miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿POR QUÉ IR TAN LEJOS PARA SERVIR EN UNA AVANZADA?

Hace aproximadamente un mes estoy sirviendo en la Avanzada de la 1ª Iglesia Presbiteriana de Puerto Montt. Se trata de un proyecto de plantación de iglesia iniciado y apoyado por la 1ª Iglesia Presbiteriana de Temuco Cristo el Salvador.
Puedo decir que es una experiencia nueva para mí y, de hecho, si me hubiesen preguntado hace 5 años atrás si me veía trabajando en una plantación de iglesia, mi respuesta hubiera sido un categórico no, pues no me consideraba apto para esa labor. Prefería pastorear una iglesia ya organizada. ¿Por qué, entonces, he asumido este desafío? ¿Qué cosas me motivaron a venir hasta Puerto Montt para servir como pastor? Bueno, podría pensar en muchas respuestas para esas preguntas y si quisiera ser “políticamente correcto” también escogería bien mis respuestas para no dar pié a malos entendidos.
Pero aquí presento algunas de las razones que me motivaron a tomar la decisión de venir hasta aquí:
1. Conocer la voluntad de Dios sobre la misión:
He leído varios libros, artículos, blogs, opiniones, etc., sobre la misión. Puedo decir que he pasado desde las posturas más académicas hasta las más apasionadas. Al principio, me parecía interesante ver cómo varían las visiones, incluso entre aquellos que pertenecen a una misma tradición eclesiástica (entiéndase denominación). No hay dudas, no existe una comprensión unificada de lo que es la misión. Algunos, destacan el evangelismo y discipulado, otros, sin dejar de lado lo primero, dan un énfasis a lo social, a que la iglesia tenga una presencia en la cultura. Los más eclécticos, buscan no caer en extremos, tanto en sus palabras como en su actuar y siguen una vía intermedia.
Para mí, y en la medida que puedo percibir eso de la lectura de la Escritura, la misión se resume en las conocidas palabras de Cristo: “Se me ha dado autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:18b-20). Antes de ascender al cielo, Jesús les dijo también a sus discípulos: “Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hch. 1:8). Lo primero que viene a mi mente al leer estos textos es, ¿qué entendieron los discípulos? Ellos fueron los primeros en oír estas palabras y nunca nos llevará a una interpretación saludable saltarnos este importante paso. Con respecto al primer versículo citado, creo que ellos entendieron que habían recibido una orden del Señor Jesús, para ir y hacer discípulos; es decir, fueron enviados a cumplir una tarea específica: hacer discípulos. ¿De qué forma los harían? ¿Cómo alguien llegaría a ser un discípulo de Jesús por medio de ellos? Creo que el texto mismo nos da la respuesta: Predicando el evangelio. Esa es la única manera que Dios tiene para traer a sus escogidos a los pies de Cristo. El evangelio es el poder de Dios para dar salvación a todo aquel que cree (cfr. Ro. 1:16). Sólo conociendo el Evangelio, es decir, a Cristo, pues él es el evangelio, las personas pueden ser regeneradas por el Espíritu de Dios y, una vez que esto suceda, ellas pueden recibir el bautismo como el signo y sello del pacto de Dios con su pueblo. Luego comenzaría todo el proceso de enseñarles todo el consejo de Dios (Hch. 20:27). Con respecto al segundo texto, los discípulos entendieron que Jesús, nuevamente, les estaba dando una orden: Serán mis testigos. Ellos serían los encargados de dar testimonio de Cristo, de contar a otros sobre su persona y obra.
En ambos textos, resalta el carácter universal del evangelio. No debe quedarse encasillado en un determinado lugar o sector, sino que debe correr por todo el mundo. Y esa orden que recibieron los discípulos, es la misma que hoy nosotros recibimos. Dios, en su soberana voluntad, determinó que sólo en Cristo hay salvación. Y, también, determinó que por medio de la predicación, la salvación fuese ofrecida al hombre pecador.
Puedo decir, sinceramente, que ese factor fue determinante para venir hasta aquí a trabajar en una avanzada. Mi deseo profundo es ver conversiones, ver a Dios trayendo a sus escogidos a la comunión con el Cuerpo de Cristo. La orden es clara, hay que cumplirla.
2. Conocer al grupo de creyentes en Puerto Montt:
 Una segunda cosa que me impactó y que me llevó a tomar la decisión de venir hasta aquí, fue conocer al grupo de hermanos que conformaban esta avanzada. Muchos de ellos jóvenes, llenos de entusiasmo y con un santo deseo de tener un pastor en la ciudad que pastoreara sus vidas. Así como el apóstol Pablo no dejaba de dar gracias a Dios al enterarse de la fe en Cristo y del amor por los santos que los efesios tenían (Ef. 1:15), mi experiencia con este grupo de hermanos provocó similar efecto. Ver lo que Dios estaba haciendo en sus vidas, cómo el Señor los había rescatado de una vida de pecado y rebeldía, ver cómo el Señor los estaba reuniendo en una misma iglesia y ver el amor que se tienen los unos a los otros, me llenó de gratitud a Dios en mi corazón. Desde que los conocí, no dejé de orar por ellos. Ese vínculo sólo lo puede generar el Señor. Muchas veces sólo gastamos tiempo queriendo obtener informaciones de otros para hablar mal de ellos. El Señor nos enseña que en vez de hacer eso, debemos alegrarnos cuando vemos Su obra maravillosa en la vida de nuestros hermanos.
3. Un proyecto serio:
Una tendencia que tenemos, tristemente, en la vida de la iglesia es la de improvisar. Incluso para algunos puede parecer muy espiritual, pero el Señor nos muestra en su Palabra que los que se comprometen a alguna obra, lo deben hacer siguiendo un proyecto elaborado bajo la voluntad de Dios. Es decir, debemos prepararnos y planificar, siempre y cuando esta preparación y planificación siga la voluntad del Señor (p. ej. Neh. 1 y 2). Desde el comienzo, cuando se iniciaron las conversaciones con la Iglesia madre, vi seriedad, deseo de servir y una planificación sólida. No soy de aquellos que adoptan “modelos” que están de moda o copian modelos del mundo, mi compromiso es seguir el criterio que establece la Palabra de Dios. Y si la Palabra nos ordena planificar bien antes de emprender una obra, debemos hacerlo. Y nuestra planificación obedece a lo que entendemos que estamos haciendo aquí: organizar una nueva Iglesia Presbiteriana.
4. Una profunda convicción:
Este elemento no puede ser dejado de lado. Aunque muchas veces Dios nos ordena hacer lo que no nos gusta (como el caso de Jonás), eso no significa que no existan ciertas convicciones en nuestro corazón que debemos tener en cuenta. Puedo decir que el Señor fue trabajando en mi corazón y el apego al trabajo aquí comenzó a crecer. Visité varias veces al grupo antes de tomar la decisión definitiva de venir a servir aquí. Y cada vez que me iba, quedaba con más deseos de volver. Dios es quien llama, es verdad. Y de hecho ya lo mencionamos, lo hace por medio de Su Palabra. Él toma su Palabra y la aplica a nuestra vida de tal modo que la convicción que se genera de obedecerle es irresistible. En esto también es necesario tener cuidado y estar atento a la dirección del Espíritu Santo. En Hechos 16:6 ss., se nos relata que los planes de Pablo y sus compañeros era predicar en Asia, pero fueron impedidos por el Espíritu Santo (no se nos dice de qué forma lo hizo, pero sí se los impidió). El texto dice que en dos ocasiones el Espíritu se los impidió. Finalmente, Pablo recibe la visión del varón macedonio. El texto dice que deciden ir a Macedonia “convencidos de que Dios los había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios” (v. 10). A ese tipo de convicción me refiero. La que viene de parte del Señor y no de nuestros propios intereses (aunque no descarto que Dios los pueda utilizar también en cierta medida).
5. Un anhelo sincero por ver a Dios obrando:
Una última razón que puedo pensar por ahora es un verdadero anhelo del corazón, un profundo deseo, de ver a Dios cambiando vidas y trayendo a sus escogidos a la comunión con el Cuerpo de Cristo. El apóstol Juan, en su primera carta dice que: “les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa” (1 Jn. 1:4). Juan se alegraba que sus lectores se hubiesen convertido del paganismo al cristianismo. Ciertamente una alegría como esa sólo puede provenir de la obra del Señor en nuestra propia vida. ¿Qué hijo de Dios no se alegra cuando ve que otros son traídos a Cristo? La Escritura nos dice que existe gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente (Lc. 15:7).
Estamos recién comenzando esta obra. Ciertamente hay mucho que hacer. No confiamos en nuestros recursos, sino en los del Señor. Hemos venido hasta aquí únicamente para servirle a Él.    

sábado, 23 de agosto de 2014

Otra palabra más sobre la inspiración de la Escritura

La Escritura, la Palabra de Dios, la Santa Biblia, es apreciada por muchos, odiada por unos tantos y absolutamente desconocida para otros. De allí la tan verdadera afirmación de que la Biblia siempre produce una reacción en aquellos que la oyen; algunos la reciben como la Palabra de Dios,  otros la rechazan como si fuera un texto humano que trata sobre religión y para otros carece de importancia.

Para los cristianos, la Biblia es la Palabra de Dios. Bueno, pueden pensar algunos, depende de lo que se quiera decir con cristianos, pues algunos que frecuentan una Iglesia Cristiana, que enseñan en lugares de educación teológica cristianos, que trabajan como ministros en algunas Iglesias, abrigan dudas sobre la veracidad de la afirmación de que la Biblia es la Palabra de Dios. Muchos de ellos, piensan que la Biblia está llena de afirmaciones que un ser humano del siglo XXI no puede tomar en serio. Ellos dicen, "el relato de la creación no es un relato histórico", "eso de una serpiente que habla no puede ser verdad", "esos milagros en realidad no sucedieron" y otras afirmaciones similares. Por otro lado, hay algunos que toman las enseñanzas de la Biblia luego de pasarlas por el colador de sus propias ideas modificando el mensaje según su propia visión de las cosas, según la cultura actual, según el parecer de la filosofía, alejándose así de la intención que tuvo el Espíritu Santo al inspirar a hombres para que registraran infaliblemente el mensaje de Dios. Ahora, la cuestión que quiero tratar es: ¿Cómo abordar el tema de la inspiración de la Biblia delante de posiciones tan diferentes? ¿Podemos llegar a una compresión adecuada de lo que es, verdaderamente, la Biblia? ¿O siempre tendremos que decir que todo depende del punto de vista del intérprete?

Las posiciones no bíblicas en relación a la Escritura

Quiero comenzar analizando, de forma breve, algunas posiciones con respecto a la Biblia. Dentro de ellas tenemos:

1. La visión liberal: Algunos afirman que el mejor término sería "la visión modernista". Esta postura minimiza el elemento divino de las Escrituras y ve la Biblia como un documento meramente humano.  A veces afirman, como si fuera un gran elogio, que los escritores humanos eran expertos en sus propios campos, por lo que su autoridad estaría en su conocimiento especial sobre determinadas cosas. Dentro de esta postura existen una variedad de abordajes, algunos de ellos más extremos que otros, como es el caso de Rudolf Bultmann, quien afirmaba que los evangelios no eran más que el producto de la libre imaginación de sus autores, careciendo así de cualquier fundamento histórico.

2. La visión Barthiana: A pesar de que no está muy de moda hoy en día, sí prevalece en algunos círculos. La esencia de esta postura es que la Biblia se convierte en la Palabra de Dios. Esta idea refleja la filosofía existencialista que subyace bajo todo el pensamiento teológico de Barth. Para él, en algunos momentos, la persona tiene un encuentro vivo, personal con la Escritura y en ese momento ella se convierte en la Palabra de Dios. La Biblia es tenida como un libro que posee muchos errores y contradicciones, llena de mala Teología e, incluso, llena de una dudosa ética. La paradoja radica, según Barth, en que Dios toma este libro humano lleno de errores y obra maravillas. Por eso podemos afirmar que si bien Barth es considerado como evangélico en muchas de sus declaraciones teológicas, su compresión de las Escrituras es altamente destructiva. 

3. La visión neo-evangélica: Esta visión se ha popularizado y ha influenciado varios lugares de enseñanza teológica. Se denomina neo-evangélica porque ya no está circunscrita a la idea de la inspiración plenaria de las Escrituras, prefiriendo hablar de inspiración parcial. Aquellos que siguen esta postura tienen un alto concepto de las Escrituras, pero no creen que ella sea infalible. El problema es que no sabemos con certeza en qué áreas (o partes) ella es infalible y en cuáles no. La idea general es que la Biblia es inspirada en doctrina, pero no en sus afirmaciones históricas, o bien, que es inspirada en lo que los autores quisieron decir, pero no en los supuestos que ellos hicieron. 

La posición bíblica sobre la inspiración

La posición histórica, evangélica y bíblica sobre la inspiración se encapsula en cuatro términos que la describen.

El primer término que es infalible. Con él se quiere decir que la Biblia nunca es engañosa o, que ella nunca engaña. El término infalible nos recuerda que la Biblia nunca se equivoca. No uso aquí el término inerrante, porque estimo que la inerrancia es una consecuencia de la inspiración y no una cualidad de ella.

El segundo término es verbal. Este término destaca la totalidad de la inspiración. Literalmente significa que cada palabra en la Escritura es inspirada. 

El tercer término es plenaria. Este término significa simplemente toda. Lo que destaca es que toda la Biblia es inspirada por Dios. Cualquier cosa que los autores dijeron y enseñaron -Historia, Ética, Cronología-, todo está recubierto por la inspiración.

El cuarto es orgánica. Este término describe la idea de que la Biblia fue registrada por medio de  organismos humanos (la personalidad de sus autores humanos). De allí que encontramos diferentes estilos en los diversos textos, pero el mensaje es uno solo. 

Tenemos entonces estas cuatro palabras: infalible, verbal, plenaria y orgánica. Ellas describen la posición bíblica de la inspiración.

¿Qué dice la Biblia sobre la inspiración?

Los textos que presento aquí, son los que podríamos considerar clásicos. Por lo mismo, no me detendré mucho en ellos, sino que daré una breve explicación.

1) 2ª Timoteo 3:15-17. El verso 15 nos recuerda la función realizada por la Biblia. Ella es apta para hacernos sabios para la salvación y hace al hombre de Dios perfecto (v. 17). Tomados en conjunto, estos versículos nos dicen que la Escritura nos da el conocimiento salvador de Dios y nos equipa complemente para la vida de discípulos. Ahora, ¿por qué ella es apta para hacer eso? Porque ella es inspirada por Dios (v. 16). Toda la Escritura ha sido soplada por Dios. La inspiración, según este texto, es una cualidad inalienable de la Biblia, cualidad que es completamente independiente de nuestras apreciaciones sobre ella. Esta cualidad se extiende a toda la Biblia y no a algunas partes como el texto deja muy claro. Cada capítulo y cada versículo de la Biblia es inspirado por Dios.

2) 2ª Pedro 1:20-21. Pedro está tratando el asunto de la profecía. Comienza desde el punto de vista negativo al decir que la profecía no es interpretación privada (v. 20), pues los profetas no estaban dando solamente sus opiniones religiosas, ni siquiera la estaban dando en la calidad de expertos sobre determinado asunto. La profecía tampoco vino de la voluntad humana (v. 21). Ninguno de ellos dijo "voy a profetizar" y luego comenzó a registrar lo que se le vino a la mente. Luego de referirse al punto de vista negativo, Pedro pasa al punto de vista positivo: hombres hablaron siendo inspirados (lit. dirigidos, movidos, conducidos) por el Espíritu Santo (v. 21). Estos hombres hablaron de parte de Dios y dirigidos por el Espíritu Santo.

3) Juan 10:35. Este texto se refiere a la posición del propio Jesús sobre la Escritura. Él dice que la Escritura no puede ser quebrantada. La Biblia, en la visión de Jesús, tiene la autoridad de la Ley, es decir, absoluta e infalible autoridad. No existe error en ella, no existe falsedad en ella, pues es el propio testimonio de Dios.

La importancia de la inspiración bíblica

Muchas son las aplicaciones que podemos derivar de la comprensión bíblica de la inspiración. Aquí enumeraré algunas que creo que merecen destaque ahora:

En primer lugar, nos permite apreciar la Biblia en su real valor. Ella no es la palabra de hombres, sino que es Palabra de Dios, una carta venida de otro mundo para éste mundo, un mensaje celestial.

Segundo, la concepción bíblica de la inspiración nos permite descansar en el testimonio bíblico. Vivimos en tiempos en que todo es cuestionado y el simple hecho de que alguien afirme conocer la verdad hace del tal un arrogante. Sin embargo, saber que la Biblia es inspirada por Dios, permite que nos arrojemos seguros en el testimonio de ella, no dudando nada de lo que ella afirma, pues Dios, quien es el autor por detrás de los instrumentos humanos que registraron Su mensaje, es fiel y verdadero. Sus promesas se cumplirán y todo acontecerá tal como se encuentra registrado en las Escrituras.

Tercero, nos permite tener un mensaje relevante para el mundo. Si la Biblia no es inspirada o si lo es pero sólo en algunas porciones, nada tenemos que decirle al mundo como venido de parte de Dios. El hecho de que ella sea la Palabra inspirada por Dios nos concede el privilegio de decir que tenemos el mensaje del Señor para el mundo; un mensaje que llama al arrepentimiento y a la fe, un mensaje que nos dice quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos. Aquellos que no creen en la inspiración bíblica sólo pueden dar "buenos consejos" o apuntar para "tal vez el camino" que se debe seguir.

Cuarto, existe una consecuencia pastoral. Cristianos que han oído ministros y profesores de teología que no creen en la inspiración tal como la Biblia la presenta, quedan completamente confundidos. Muchos de ellos se preguntan si lo que han creído durante tantos años es verdad. El fundamento de su fe se pierde y caen en la desesperación. Al contrario, cuando ellos escuchan que sus pastores y maestros les exponen los textos bíblicos como la Palabra inspirada por Dios, sus corazones se llenan de paz y seguridad, pues tienen consciencia que no han oído palabras humanas, sino la Palabra de Dios.

Ciertamente, existen muchos más beneficios al adoptar la doctrina bíblica de la inspiración. Por el espacio y objetivo de este pequeño escrito no las he enumerado todas.

Muchas veces a aquellos que seguimos el testimonio bíblico sobre lo que es la inspiración se nos tacha de "bibliólatras", es decir, de aquellos que adoran un libro. Nosotros podemos decir que no somos bibliólatras, sino Cristólatras, pues adoramos a Jesucristo como nuestro único Señor y Salvador. Cristo dijo que la Biblia es infalible. Él dio testimonio de que ella es la inquebrantable Palabra de Dios (Jn. 10:35). Nadie puede afirmar ser leal a Cristo y desafiar Su testimonio con respecto a las Escrituras. El Señor en muchos lugares dio testimonio con respecto a la inspiración de la Biblia (Mt. 4:4; 5:18; 22:29). Muchas veces oímos a supuestos grandes teólogos afirmar que el Antiguo Testamento posee algunas inconsistencias y que eso nos lleva necesariamente a dudar de la inspiración. Bueno, con respecto a las inconsistencias, Jesús nunca las vio y para mí Su testimonio es suficiente. 

Creer en la inspiración bíblica no es nada más y nada menos que devoción a Cristo. Creo en la Biblia como inspirada por Dios porque Jesús y sus apóstoles dieron testimonio de ello. 

La Biblia, por ser inspirada por Dios, es la la autoridad suprema para el creyente, una autoridad suficiente y final. Pero no sólo eso, ella es una autoridad preciosa, pues es la Palabra de Dios, viva y eficaz. 

jueves, 13 de marzo de 2014

Pescadores de Hombres

En el Evangelio según Marcos capítulo 1 versos 14 al 20 encontramos el registro del inicio del ministerio público del Señor Jesucristo. Allí vemos como Jesús, después del encarcelamiento de Juan el Bautista, comienza a predicar y anunciar el Reino de Dios.

En ese contexto, tenemos también el registro de aquellos primeros hombres que Jesús llamó para ser sus discípulos: Simón, Andrés, Jacobo y Juan. Estos cuatro hombres recibieron una comisión que transformó completamente sus vidas.

Algunos autores han distinguido 3 tipos de llamado: (1) El llamado a la salvación; (2) el llamado al discipulado; y (3) el llamado al apostolado. El primero, todos aquellos que el Padre eligió antes de la fundación del mundo, lo oyen y responden positivamente reconociendo a Jesucristo como el Señor y el Salvador de sus vidas. El segundo, también es oído por todos aquellos que han aceptado el llamado a la salvación y consiste en seguir a Jesús; seguir sus enseñanzas, en tenerlo como el Maestro que los instruye en cada aspecto de sus vidas. El tercero, en un sentido estricto, sólo fue recibido por aquellos hombres que Jesús llamó y que fueron enviados a anunciar las buenas nuevas de salvación. Es por eso que afirmamos que el apostolado fue un oficio único y especial en la historia de la Iglesia.

En el texto de Marcos 1:14-20, Jesús está predicando y anunciando el Reino de Dios. La predicación iniciada por Jesús se caracterizaba por tres elementos: Primero, Jesús anunciaba el cumplimiento del tiempo. Eso nos lleva a recordar la antigua promesa hecha por el Señor a través de sus profetas. Esta promesa se refería al Mesías que vendría a liberar al pueblo de la opresión de sus enemigos y que traería la tan ansiada paz. Segundo, Jesús anunciaba la cercanía del Reino. Esto muchas veces causa confusión entre los cristianos, ya que en ciertos pasajes se anuncia la aproximación del Reino y en otros se habla de un futuro Reino. Esto es lo que se conoce como el "ya y el todavía no". Esa expresión significa que muchas de las promesas del Señor tiene un cumplimiento diferido en el tiempo, es decir, el Reino ha llegado con la venida de Jesús, sin embargo, la consumación final de ese Reino aún se espera para el futuro retorno del Señor. Entonces, el Reino fue inaugurado con la venida de Jesús, pues Él es el Rey y donde está el Rey, está su reino. Tercero, Jesús llamaba a la conversión: "arrepentíos y creed en el evangelio". Él llamaba a las personas al arrepentimiento y a la Fe. Esos dos elementos componen lo que nosotros conocemos como conversión.

El texto de Marcos 1:14-20 sigue relatando el llamado de Jesús para ciertos hombres. De este pasaje podemos desprender las siguientes verdades:

I. Jesús llama a personas para ser sus colaboradores (v. 16-17).

El Reino de Dios se ha acercado y Jesús comienza a reclutar colaboradores para que lo ayuden a anunciar el evangelio. Él les dice "Venid en pos de mí...". Estos hombres oyen la voz de Jesús convocándolos para un entrenamiento. Él los llama a la capacitación, a fin de que ellos puedan alcanzar a otras personas con el mensaje de salvación. Jesús los llama para que sean "pescadores de hombres". Sabemos que un pescador, en resumidas cuentas, saca peces del mar. Aquí Jesús está usando un lenguaje figurado; Él los está llamando a que sean aquellos que sacan a los hombres del mar de la perdición. 

II. Jesús llama a personas ocupadas (v. 16, 19).

Jesús no llama a desocupados o flojos, sino a personas que están ocupadas en sus diarios quehaceres. A lo largo de la Escritura vemos esa marca. Moisés fue llamado mientras cuidaba de las ovejas de su suegro; David fue llamado mientras pastoreaba; los Apóstoles fueron llamados mientras realizaban sus actividades diarias. La razón de esto es que el trabajo del Señor es duro y requiere de mucha energía y vigor. Aquellos que están acostumbrados a no hacer nada, aquellos que son perezosos, no son aptos para el servicio del Señor.

III. Jesús llama a personas humildes (v. 16, 19).

Es interesante notar que Jesús no buscó a sus discípulos entre los doctos estudiantes de teología de las escuelas rabínicas. Tampoco, los buscó entre los líderes políticos y sociales del pueblo. Al contrario, podemos decir que los primeros discípulos del Señor pertenecían a la clase obrera de aquellos tiempos. Eran hombres del pueblo, con escasa educación y seguramente faltos de modales refinados. Es cierto que el Señor llama a todo tipo de personas: ricos y pobres; educados e ignorantes; hombres y mujeres; jóvenes y viejos. Sin embargo, lo que destaca en estos primeros discípulos del Señor es que ellos carecían de cualquier mérito o dignidad delante de los hombres. El apóstol Pablo en su 1ª carta a los Corintios dice que a lo vil y menospreciado del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios (cf. 1 Co. 1:26, 27). Esta verdad es tremendamente educativa. El Señor no necesita "estrellas" ni hombres brillantes. Su poder se perfecciona en nuestra debilidad para que Él tenga toda la gloria por siempre.

Además de estas verdades, del llamado del Señor concluimos lo siguiente:

1. El llamado de Jesús es soberano: Es un llamado directo e imperativo. Es una orden que Él nos da directamente: "Ven y sígueme". No hay espacio para ruegos ni súplicas. Él llama como un Rey soberano.

2. El llamado de Jesús es para tener una relación con Él: Nos llama a ser sus discípulos; a conocerle, a experimentar una dulce comunión, a escuchar su voz y a ser instruidos por Él. Además, el llamado de Jesús es para una preparación, para un entrenamiento, para el discipulado. 

3. El llamado de Jesús exige una respuesta instantánea: "Ven y sígueme", no hay tiempo para pensar, para reflexionar, sino que hay que responder al instante. Y su llamado implica romper con el pasado. Estos primeros discípulos dejaron lo que estaban haciendo ("dejaron sus redes"). En el caso de Jacobo y Juan ellos incluso dejaron a su padre Zebedeo. Si no estamos dispuestos a abandonar todo por seguir a Jesús, no somos dignos de ser sus discípulos. 

4. El llamado de Cristo es para realizar una obra de consecuencias eternas: Somos llamados para ser pescadores de hombres, es decir, anunciadores de la salvación. Somos colaboradores en la empresa más maravillosa que existe, a saber, sacar a los hombres del mar de la condenación.

5. El llamado de Cristo es a la consagración total: No hay vuelta atrás, no hay descanso. La entrega debe ser total y sin reservas.

¿Has oído la voz del llamado del Señor? Si es así, síguele.

viernes, 28 de junio de 2013

Señor, he pecado: reflexiones sobre el Salmo 51


Anselmo de Canterbury en su libro Cur Deus Homo (¿Por qué el Dios-Hombre?) argumenta que para comprender correctamente la expiación obrada por Cristo es necesario que consideremos primero la profundidad de nuestro pecado.

La reflexión de Anselmo es correcta; nadie busca la gracia de Dios a menos que considere primero el peso de su pecado.

El Salmo 51 es uno de los poemas bíblicos que mejor describe al corazón arrepentido. Dentro de la categoría de los salmos se encuadra en lo que conocemos como salmos penitenciales (o de arrepentimiento). En él, David se lamenta por el pecado que ha cometido y clama al Señor por restauración. En el registro inspirado de este salmo podemos ver claramente que el arrepentimiento verdadero es aquel que nos lleva a confesar: Señor, he pecado.

La historia
Nos dice el Segundo Libro de Samuel que en los días en que los reyes acostumbraban a salir a la guerra, David prefiere quedarse en casa, no cumpliendo así con su deber como rey de Israel. En aquel día, David se levanta tarde y sube al terrado de la casa real y ve a una mujer hermosa que se estaba bañando. David codició a esa mujer y finalmente durmió con ella. Esa mujer se llamaba Betsabé y estaba casada con uno de los soldados de David llamado Urías. Para desgracia de David, Betsabé quedó embarazada y dio noticias de ello a David. Desde ese momento David orquesta todo para dar muerte a Urías y así intentar que su pecado quede en la oscuridad. David consigue su objetivo. Pasado el tiempo y creyendo David que su pecado había quedado impune, el profeta Natán visita al rey y le cuenta un pequeña historia de un hombre rico y de un hombre pobre. El rico poseía muchos animales y el pobre sólo tenía una corderita muy querida para él y para su familia. Un día visitan al hombre rico y éste, en vez de matar a uno de sus animales, manda a matar a la corderita del hombre pobre. Una vez que Natán termina de contar la historia, David enérgicamente dice: “Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte”. En ese momento, el profeta Natán fija sus ojos en el rey y le dice: “Tú eres aquel hombre”. Una vez que David nota que su pecado no quedó encubierto a los ojos del Señor confiesa diciendo: “Pequé contra Jehová” (ver 2 Samuel 11-12). Solamente cuando David reconoce su vileza está listo para buscar en oración el perdón que sólo Dios le puede conceder. Es así como su oración se encuentra registrada en la forma de un Salmo.
En el Salmo 51 encontramos los elementos indispensables de una verdadera oración de arrepentimiento. Veamos cada uno de dichos elementos.

La Confesión:
La confesión de David comienza con un clamor dirigido a Dios: “Ten piedad de mí, oh Dios…” (v. 1). David sabe muy bien que a pesar de que él pecó contra un hombre (asesinó indirectamente a Urías), el verdadero ofendido con su actuar pecaminoso fue Dios. Por eso David dice. “Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos” (v. 4). Es verdad que David pecó con Betsabé (adulterio) y pecó contra Urías (homicidio), pero en última instancia quien fue realmente ofendido fue el Señor. Nosotros debemos comprender eso también. A cada instante pecamos contra otras personas; las ofendemos, les mentimos, las herimos, las utilizamos, les robamos, etc. Ellas sufren por nuestros actos pecaminosos, pero por sobre todas ellas, nosotros ofendemos a Dios cada vez que cometemos un acto de iniquidad. Es por eso que antes de pedir perdón a las personas, debemos pedir perdón al Señor. Una vez que hacemos eso, el paso siguiente es ir donde la persona que hemos ofendido y pedir que nos perdone y hacer lo necesario para reparar nuestra falta.

La confesión de David también manifiesta dolor. Este dolor se ve en diversas áreas. Vemos, primeramente, un dolor físico: “los huesos que has abatido” (v. 8). En segundo lugar, vemos un dolor espiritual que se expresa en temor: “No me eches de delante de ti y no quites de mí tu Santo Espíritu” (v.11). En tercer lugar, hay un dolor emocional: “vuélveme el gozo de tu salvación”. David está sufriendo física, emocional y espiritualmente por su pecado. Hay un peso grande en su corazón, tan grande que toca hasta su propio cuerpo. ¿No nos sucede lo mismo cuando pecamos? ¿No nos sentimos tristes y derrotados? ¿No parece que el gozo ha abandonado nuestra vida? Nada bueno fluye del pecado. Tal vez existe un placer momentáneo, pero no pasa de eso, un instante. Sin embargo, las consecuencias son dolorosas.  ¿Sientes dolor por tus transgresiones? ¿El pecado en tu vida causa dolor? Si no es así, lo más probable es que aún no has conocido al Salvador.

La confesión de David expresa, también, reconocimiento. David reconoce abiertamente su transgresión y para ello utiliza diversos términos para describirla: rebeliones (v.1), maldad (v.2), homicidio (v.14). Nosotros vivimos en la cultura de los cambios de términos para maquillar las atrocidades que hacemos. Ya no se habla de adulterio, sino que de “una canita al aire”; ya no se habla de mentira, sino de una “mentirita blanca”; ya no se habla de fornicar, sino de “amor libre”, etc. Este Salmo nos enseña a llamar las cosas por su nombre. El pecado es pecado, maldad, iniquidad. No es una “equivocación”. Pero David no sólo reconoce su transgresión, sino que reconoce, también, la gracia de Dios: “conforme a tu misericordia, conforme a la multitud de tus piedades…” (v.1). David sabe que Dios es misericordioso y perdonador, pero él solo pudo experimentar intensamente esta realidad cuando vio la total bajeza de su pecado.

El pedido de restauración:
La oración de David no se limita al pedido de perdón, sino que va un paso más. David clama por restauración. Y para ello, él reconoce la necesidad que tiene de ser purificado por el Señor. David dice en el Salmo “lávame, límpiame, purifícame” (vs. 2, 7). ¿Por qué pide eso? Porque él sabe muy bien que por sus propios esfuerzos nunca será capaz de conseguir el perdón, pues sólo en Dios está el poder de perdonar. ¿En quién confías para obtener el perdón? ¿Confías en tus propios méritos? ¿Confías en lo bueno que puedes llegar a ser o en tu capacidad para reformar tu conducta? David sabe que el único camino correcto es el de la dependencia absoluta. Él le dice al Señor: “yo no puedo, hazlo tú por mí”.

Además de reconocer su necesidad de purificación, David pide transformación: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí” (v.10). No se limita a pedir perdón, él desea ser un hombre nuevo, una nueva criatura. Ya no quiere ser como antes, llevado por sus pasiones pecaminosas. Ahora, quiere ser una nueva persona, alguien re-creado por Dios. ¿Por qué pides perdón? ¿Para huir del sentimiento de culpa? ¿Para opacar el remordimiento o deseas ser transformado por Dios?

Hay una cosa más en este pedido de restauración. David quiere también recuperar el gozo perdido: “Hazme oír gozo y alegría” (v.8a), “vuélveme el gozo de tu salvación” (v.12a). David pide a Dios que la alegría del perdón sea una realidad en su vida. Él sabe que esa alegría sólo proviene de Dios, no es algo que él pueda obtener por sí mismo. ¿Has experimentado el gozo del perdón de Dios? No hay nada que se le compare. Es motivo de alegría perenne, ya que saber que Él me ha perdonado por todas mis maldades, llena de gozo mi diario vivir.

La expresión de gratitud:
David termina su Salmo confiando en el perdón que sólo el Señor puede dar y la certeza de ese perdón lo lleva a hacer un voto, un compromiso con Dios. Él escribe: “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos”, “cantará mi lengua tu justicia” (v.13, 14b). David se compromete a ser un testigo de la misericordia de Dios. ¿No es eso lo que cada cristiano debe hacer? Quiero decir, todo cristiano ha sido objeto de la gracia de Dios en Cristo Jesús. Por ello, debemos testificar de Cristo, anunciar que en Él hay perdón.

Junto con comprometerse a testificar, David asume el compromiso de  adorar verdaderamente a Dios: “Señor, abre mis labios y publicará mi lengua tus alabanzas” (v.15). El razonamiento de David es claro: el pecado cierra nuestros labios, la convicción del perdón los abre en alabanzas. Saber que Dios nos ha perdonado en Cristo siempre redundará en alabanzas a Su nombre, es decir, siempre lo bendeciremos por causa de Su misericordia.

Finalmente, David termina expresando su necesidad de moderar el orgullo y caminar en humildad: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (v.17). La humildad y el cuidado de nosotros mismos deben acompañar nuestro diario caminar. Es fácil caer cuando nos creemos fuertes e invencibles. Si no estamos atentos, el orgullo y la autoconfianza serán los que nos harán caer horriblemente.

Querido lector, es bueno que te preguntes: ¿he experimentado este tipo de arrepentimiento? ¿Puedo hacer mías las palabras de David? Sabemos que el pecado no confesado sólo produce dolor y tristeza. Por ello te animo, ve al Señor a través de los méritos de Jesucristo, sólo en Él encontrarás la gracia del perdón.