"Por esta razón también nosotros, desde el día en que lo oímos, no cesamos de orar por ustedes y de rogar que sean llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y plena comprensión espiritual, para que anden como es digno del Señor a fin de agradarle en todo; de manera que produzcan fruto en toda buena obra y que crezcan en el conocimiento de Dios..." (Colosenses 1:9-10).
INTRODUCCIÓN
¿Qué es lo que caracteriza
a la vida cristiana? ¿Pertenecer a una Iglesia? ¿Asistir a un retiro espiritual? ¿Es la fe? ¿Son las obras?
La verdad es que a
muchos les cuesta definir lo que significa ser cristiano. Y tal vez les cueste tanto
porque nadie les ha dicho que un cristiano es, en términos sencillos, un
seguidor de Cristo, un discípulo.
Esta comprensión
determina completamente nuestro entendimiento del Cristianismo, pues si ser
cristiano es ser un discípulo de Cristo, luego seguir a Cristo es lo que
caracteriza la vida cristiana.
Pero allí surge una
nueva pregunta, ¿qué significa seguir a Cristo? ¿Es escucharlo, obedecerlo,
imitarlo? Es todo eso y mucho más.
ENTRANDO EN EL ASUNTO
Pablo, en su carta a
los Colosenses comienza, como en muchas de sus epístolas, con una oración. Esta
oración está marcada por la constancia (“no cesamos de orar”) y por peticiones
concretas. Pablo pide que los hermanos en Colosas sean “llenos del conocimiento de la voluntad de Dios” y que tengan “toda sabiduría y plena comprensión
espiritual”. Estas peticiones están encaminadas a obtener un resultado: “para que anden como es digno del Señor”,
“agranden en todo al Señor”, de tal
manera que “produzcan fruto en toda buena
obra”.
Pablo en su oración
vincula el estar lleno del conocimiento
de la voluntad de Dios, la sabiduría y entendimiento
espiritual con una vida que agrada
a Dios y que lleva fruto. Es decir,
un cristiano no puede llevar fruto si no esta agradando a Dios con su vida y
solo puede agradar a Dios con su vida si conoce la voluntad de Dios y tiene
sabiduría y plena compresión espiritual. Todo está unido en esta oración de
Pablo.
El tema de este pequeño escrito es “Una vida que da fruto en toda buena
obra”. Y, como ya lo mencionamos, el fruto en la vida del cristiano está unido
al conocimiento de la voluntad de Dios y a la sabiduría y plena comprensión
espiritual. Sin estos pilares, nuestra vida no agradará a Dios y, por lo tanto,
no producirá fruto en toda buena obra.
¿QUÉ ES CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS?
La expresión “voluntad
de Dios” es usada muy a menudo en las conversaciones entre cristianos. “No sé
cuál es la voluntad de Dios para mi vida”, “Dios querrá que yo haga esto o esto
otro”, “¿Qué pide el Señor de mi?”, etc. Son frases que repetidamente oímos que
salen de la boca de los cristianos. Expresiones como esas parecen manifestar
que existe algo oculto, algo desconocido, que solo Dios sabe, y que necesitamos
de alguna forma descubrir.
Tal vez sin saberlo o
sin hacer las debidas conexiones, cuando hablamos de la voluntad de Dios
estamos destacando uno de sus atributos, a saber, su soberanía. Este atributo
puede ser considerado desde dos puntos de vista, su soberana voluntad y su soberano
poder. La voluntad de Dios, según las Escrituras, es la causa final de
todas las cosas (Ef. 1:11; Ap. 4:11). Siguiendo el texto de Deuteronomio 29:29 podemos
distinguir entre la voluntad secreta de
Dios y la voluntad revelada. La
primera ha sido llamada voluntad del
decreto divino (está escondida en Dios y sólo puede ser conocida a través
de sus efectos). La segunda es la voluntad
de sus preceptos y nos ha sido revelada en la ley y en el evangelio. Es
precisamente a esta segunda que Pablo se está refiriendo en Colosenses. No es
que Pablo quiere que conozcamos lo que solo Dios conoce (su decreto), porque
eso sería imposible para nosotros. Pablo ora para que seamos llenos del
conocimiento de la voluntad revelada de Dios, es decir, de aquella que se
encuentra en la Ley y en el Evangelio, es decir, en toda la Biblia.
Ahora, ¿por qué es tan
importante conocer la voluntad revelada de Dios? Porque en ella conocemos quién
es Dios y lo que Él quiere de nosotros (Catecismo Menor de Westminster, p. 3).
Solo en la Biblia podemos conocer lo que le agrada a Dios, pues Dios no está
sujeto a nuestros gustos e ideas, al contrario, nosotros estamos obligados por
su voluntad.
La necesidad de
estudiar la Biblia es indispensable para vivir como a Dios le agrada y para
llevar fruto. Sin ella estamos perdidos, sin un norte, sin dirección. Sin el
estudio de la Biblia sólo nos quedan opiniones humanas acerca de Dios y de su
voluntad, opiniones que por ser humanas, siempre son propensas al error.
Cuántas veces no has pensado, “¿cómo se me ocurrió hacerle caso a tal
persona?”, “¿por qué lo escuché?”, “le
pedí un consejo y mira donde estoy por su culpa”. Todas estas expresiones tan
comunes revelan la frustración que produce oír a seres humanos como nosotros
que, por ser falibles, nos equivocamos mucho.
Pero Dios no es así. Él
es verdadero en su ser, en lo que dice y en lo que promete. Nunca nos dará un
consejo equivocado, nunca nos llevará por un camino incorrecto.
¿CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA?
Una vez que ya
entendemos que Dios reveló su voluntad en la Biblia, el paso siguiente es ir a
la Biblia para conocer esa voluntad. Lamentablemente es aquí donde muchos
fallan o se pierden. Los que fallan generalmente es por flojera. No quieren
dedicar tiempo al estudio bíblico, porque requiere esfuerzo y disciplina. Los
que se pierden, a veces, son esos “espíritus libres” que no buscan ayuda para
el estudio y caen en errores de interpretación bastante comunes.
El discipulado
involucra obedecer a Cristo y Cristo ejerce su señorío sobre nosotros por medio
de su Palabra. Entonces, no hay verdadero discipulado fuera de la Biblia. El
estudio bíblico no es opcional para el cristiano.
Si has sido llamado por
Cristo y con sinceridad quieres ser lleno del conocimiento de su voluntad,
debes leer la Biblia. Y léela siguiendo estos sencillos pasos:
(1) Diariamente (Hch. 17:11);
(2) Sistemáticamente (Jos. 1:7, 8);
(3) Completamente (2 Ti. 3:16-17);
(4) Devocionalmente (Sl. 119:11);
(5) En oración (Dn. 9:1-3).
Sin estudio bíblico
regular y sin oración, no estamos andando como es digno del Señor.
Ya mencionamos que
Pablo, además de orar por ser llenos del conocimiento de la voluntad de Dios,
pide que seamos llenos de toda sabiduría y plena comprensión espiritual.
La sabiduría en la
Biblia, es más que la acumulación de conocimiento. Sabiduría es ver la vida con
los ojos de Dios, es ver como Dios ve. La sabiduría del mundo exalta al ser
humano y no glorifica a Dios. Lleva a la perdición y no a la salvación.
Pablo dice en 1
Corintios que en Cristo está la verdadera sabiduría, pues en Cristo están
ocultos todos los tesoros de la sabiduría.
Ahora, la sabiduría
cristiana que está en Cristo es el
conocimiento de los principios de Dios que están grabados en la Biblia.
Pablo no está incentivando a los de Colosas a buscar voces, revelaciones,
sueños, visiones. Su oración es que ellos profundicen su conocimiento de la
Palabra de Dios para tener más sabiduría.
Pablo, además, ora por
comprensión (entendimiento) espiritual. Y
esto apunta a la aplicación de los principios de Dios que están revelados en la
Escritura. Si sabiduría es conocer los principios de Dios, la comprensión
espiritual es aplicarlos.
Aplicar los principios
bíblicos a cada aspecto de la vida es el mayor desafío que enfrentan los
cristianos. Implica observar, evaluar, discernir los varios hechos y después
actuar en conformidad con la Palabra de Dios.
PRODUCIR FRUTO
Es
así como llegamos, finalmente, a la cuestión del fruto. Como ya vimos, para
producir fruto es necesario conocer la voluntad de Dios en la Biblia y, además,
tener sabiduría y plena comprensión espiritual.
La cuestión del fruto
es de tremenda relevancia en la Biblia. Es más, es lo que distingue al
verdadero del falso creyente. Jesús dijo: “¿Por
qué me llaman: Señor, Señor, y no hacen lo que digo?” (Lc. 6:46). También
dijo: “No es el buen árbol el que da
malos frutos ni es el árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol es
conocido por su fruto; pues no se recogen higos de los espinos no tampoco se
vendimian uvas de una zarza. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón
presenta lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón presenta lo
malo. Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc. 6:43-45).
Ahora, ¿qué es el fruto
y cómo se produce? Lo primero que tenemos que decir es que la Biblia usa muchas
veces figuras de la biología y de la agricultura para describir la vida
cristiana. Por eso hallamos expresiones como “nacer de nuevo”, “sembrar”,
“cosechar”, “fruto”, etc. Con ello la Biblia nos está mostrando profundas
realidades de una manera muy comprensible. Y eso es lo que quiero hacer ahora.
El fruto es la obra
producida por el Espíritu Santo en la vida de un creyente. Es lo que se conoce como santificación. Por medio de la
santificación “somos renovados en la totalidad de nuestro ser según la imagen
de Dios, y somos capacitados a morir al pecado y vivir para la justicia” (cfr.
Catecismos Menor, p. 35).
El fruto, entonces, es el
resultado de nuestra unión espiritual con Cristo. Es la obra del Espíritu de Dios en cada verdadero creyente. El
fruto no puede ser producido por nosotros, pues es la misma vida de Cristo que
fluye por medio de nosotros por la acción del Espíritu de Dios. Jesús lo dijo
claramente: “... separados de mí nada
pueden hacer” (Jn. 15:5).
Las buenas intenciones
y las bellas palabras no son suficientes. El cristiano debe dar buenos frutos.
Ya lo dije, su unión con Cristo es atestada por los frutos. Pablo dice que la
presencia del Espíritu Santo en nuestra vida se evidencia por el fruto (Gl.
5:22).
En Colosenses Pablo usa
el término καρποφορέω
(que produce
resultados, que causa resultados). ¿Notan la conexión que está haciendo? El
conocimiento de la voluntad de Dios y la consiguiente sabiduría y entendimiento
espiritual que éste conocimiento produce, causan resultados, producen
resultados, en toda buena obra. Hay una transformación que es evidente. No es
algo oculto, es algo que se puede ver en toda buena obra.
La buenas obras tienen una tremenda
importancia en la Biblia cuando son consideradas como el fruto de la gracia y
no la raíz de la gracia.
Es por ello que es
necesario enfatizar la importancia de esta idea, pues la única evidencia real de
la obra del Espíritu Santo en la vida de un cristiano es la transformación de
carácter (es cierto que hay otras evidencias, como los dones diversos). La
única cosa que no puede ser falsificada por el demonio es el fruto del
Espíritu. El demonio, aparentemente, puede producir toda suerte de señales y
dones engañosos, pero nunca producirá el fruto de santidad de vida.
Pero hay una mala
compresión de lo que significa ser como Cristo. Algunos piensan que es algo
frío, serio y solemne. Pero la realidad es otra. Hay una calidez, una ternura y
una belleza natural en la santidad bíblica. Nada se compara a ella.
CONCLUSIÓN
1. Solo podemos llevar fruto si estamos
unidos a Cristo Jesús.
2. El fruto es algo permanente en la vida de un creyente. No se trata de un producto que se da una sola vez.
3. El llevar fruto es lo que conocemos
como santificación.
4. El medio para santificarnos es la
Palabra de Dios. El Espíritu de Dios obra por medio de la Palabra.